4/18/2013

Mauricio Vallejo Márquez



Mauricio Vallejo Márquez (San Salvador, 1979). Es el coordinador del Suplemento Cultural Tres Mil y Aula Abierta, del mismo periódico. Fue director de las revistas Huella y MeSCenas de El Salvador. Libros publicados: Tiempo en la marea (poesía, 1999, Ediciones La Fragua), Cantar bajo el vidrio (poesía, 2000, Ediciones La Fragua), La casa (poesía collage, 2001, Ediciones La Fragua), El último salmo (poesía, 2007, Ediciones La Fragua), De Vallejo a Vallejo (poesía, 2007, Ediciones La Fragua), Cuentos de ocio (microcuento, 2006, Ediciones La Fragua), La decisión, la venganza y otros cuentos (cuento, 2011, Ediciones La Fragua) y Bitácora (poesía, 2012, Ediciones La Fragua).




Cantar bajo el vidrio

I

No hay más que buen fuego
en el centro de espadas
mordiendo la escena naciente.
El invierno en un puño
florece en los ojos vendados
del ser que se anida
en la mar de su entorno.
Golpea y se alza tocando el retoño que es él,
suspira y desciende
conociendo en ceguera toda espera del mundo.

Diciembre cosecha en vientres marrones
empuñando latidos en oro
el fuego lo cuece y el alma también,
y la espera en sí mismo.

II

Aún suspiran en los espejos
los rostros ennegrecidos
por el lamento del aire
y una esperanza en el bar de la esquina.
Los mercantes
también venden sus manos
por copas que aún tengan un poco de vino,
aquel de los días anidados
entre rumores de antaño,

de la madera fresca y el camino de un latido.




4:00 a.m.

No importa cuanto pasen las horas,
Pasas tú con mi descendencia
Paso yo con tu futuro
Pasa mi madre con mi pasado
¿Que más nos da el paso de las horas?
La culpa del ayer
Ayer tiene la culpa que se muevan rígidas las nubes,
o que el mar explote
agitando las barcas de los pescadores
Ayer tiene la culpa
que las venas se atoren en el alma,
sin saber que es más pecado que el ayer.
Los ojitos a la altura son cocidos remolinos
que no saben nuestra vida,
mas si la sospechan sabrán que el ayer es el culpable,
culpable de la lluvia,
de la pluma, de este ardor en el pecho,
aquel sol, aquella luna,
Ayer es el culpable que se desmoronen hoy mis huesos
y que la sangre se coagule en el hombro de la tarde
sin ser en verdad el culpable
de esta herida miserable que sangra.




Chilano

Llega la noche cantando.
Yo, señores
soy el indio.
He nacido pa volar
soy despierto
entre las nubes
y en un viento voy montado
rumbo a no sé
por qué y jamás.
En las noches soy callado,
pero al día despertar
soy ruido entre los ruidos
y aullidos al cantar.
Luna y sol se besan
a mi sombra,
un relámpago al rincón
donde se quema el cuero
pa calzar al niño día que se va.
Tengo olor a nube
y aun perro de melón.
Soy despierto
entre las nubes
y sé amarrar mi voz.
¡Mando a volar
todas las cosas!
–Hoy no estoy de humor–
Soy sincero,
soy el indio,
sé sentarme entre la luna
y patear tranquilo el sol.
¡Soy Chilano y no me agüevo!
y he fumado esos mil puros
y otras hierbas,
decirlo está de más.
Soy patas reventadas
y lo soy por trabajar
¡No me callo,
chis,
debo hablar!
–Soy Chilano
hijos del maiz–
No soy garbo,
prepotente
y respeto a mi mujer.
En un viento voy montado.
Soy Chilano
pinta casas
curte cueros
y buen chero.
–También me sé
que estoy morido–
Se me apaga la tristeza
y me parte
en algo duro.
Ahí nomasito sé quedar,
allí,
cuando me acuerdo
y utual me acuerdo:
Aquel señito
¡Toma indio, toma!
Les digo
por Dios Santo,
nunca he tenido
tantas ganas de llorar,
pero al ver
que ya no está
un Ramirito,
muerto, muerto
que se ha muerto
ahí nomas.


Fuentes: 
http://www.laraizinvertida.com/suenan-timbres/36-poetas-salvadorenos-del-nuevo-milenio/

http://www.poetasenlared.com/poetasenlared/Mauricio%20Vallejo%20M%C3%A1rquez.html

Fotografía tomada de Internet. 

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