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7/13/2018

¡Aguante, Nicaragua!


Hoy, cuando el pueblo de Nicaragua enfrenta a su más grande tirano vivo, recuerdo el poema que hace unos años le escribí al poeta Leonel Rugama, quien nació en ese país y murió resistiendo y luchando contra la infamia. Al momento de su muerte, Rugama y sus compañeros se encontraban cercados por el ejército que los estaba forzando a rendirse, ante lo cual el poeta respondía con la misma fuerza, ahínco y valentía que hoy demuestra el pueblo nicaraguense contra Ortega: "¡Que se rinda tu madre!", le gritaba el vate a los uniformados que finalmente lo asesinaron.

Aquí el poema dedicado a Rugama y que da nombre a mi tercer libro Un poeta es un satélite en constante caída.

¡Aguante, Nicaragua! ¡Que caiga el tirano!








Un poeta es un satélite en constante caída



Sé que caeré y también sé que mi cuerpo
se convertirá en ausencia derrotada.
Aun así, estoy tirado en el suelo
intentando unas líneas victoriosas que se unirán
al reclamo irremediable de una muchedumbre
en una plaza.

Habré ganado entonces
porque caí como cualquiera
pero nunca me callé
nunca habitó silencio en mí
menos hoy que como última victoria
le grito tu nombre
a las paredes agujereadas
y mucho menos hoy que como última conquista humedezco
mi agitado pecho
con el rojo de tus labios y mi garganta
con el invisible néctar de tu lengua.

Mueren dos veces aquellos que no dicen nada
al momento de su siembra
y aquellos que no pudieron caer boca arriba
para encontrarse con tu rostro
antes que el frío

abrazo de la muerte en la espalda.
                                                       

                                                     A LeonelRugama



11/05/2016

Fabio Andrés Degado Micán



Fabio Andrés Delgado Micán nació el 6 de abril de 1985 en Soacha, municipio de Cundinamarca en Colombia.  Estudió Ciencias Sociales en la universidad La Gran Colombia. 
Ha publicado en una serie de revistas de poesía (Chile, Colombia, España, Argentina, México, Bolivia) varios de sus trabajos. Ha sido gestor de colectivos literarios como Voces de Quimera en Bogotá y de grupos culturales como SEMINARÉ.   Participó en el IXI Encuentro Internacional de Poetas de Zamora(Michoacán, México) en el año 2015, invitado a la Juntada de Poetas del Sur en Argentinay el VIII Encuentro de Escritores en Goya, Argentina, la II Juntada de Poetas del Sur en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Presentando así su poemario ASMA de la editorial Piedra de Toque (Colombia) y su participación en una antología de poesía latinoamericana con la editorial El perro celestial (Bolivia). 




Desde la conducta

La bolsa de valores
el precio del dólar
el despertador en la mañana
el canal de noticias
sus mentiras excedidas.
El olor del tostador en la cocina.

El pan mojado en el café
los servicios públicos
el sector financiero
verte el sábado en el almuerzo
el domingo en el cine
llegar a tiempo al trabajo.

El shampoo de fresa
el jabón de avena
mi perfil de facebook,
ese que no soy que dicen que soy
toma decisiones y es libre.

Instagram y los gestos
de felicidad que debo de hacer en selfies.
Whatsapp:
Los besos,
Las conversaciones,
Las incógnitas,
La voz en la distancia,
Los grupos de gente que no son reales.
El teléfono móvil
que nos hace todo.
Termina viviendo por nosotros.

El baile MTV donde todos son sexis
pero nadie baila con nadie
la ropa de moda
la música de la emisora
Youtube y sus millones de visitas
Los Youtuber y su montón de cosas dichas.

Entonces soñar se hace más difícil
Imaginar,
un trajín que vamos olvidando
pensar es un crimen
y la poesía una invitación al delito.






Victoria en el espejo

Ese sonido de Victoria con los labios
cada vez que los pinta
es una pequeña obertura del beso,
un instante en que van a crujir los sueños
que se caen de un árbol
al que le van pasando los años.

Entonces se busca la mirada en el reflejo
Y este

                 -su reflejo-
va evadiendo la responsabilidad de verse.
Sabe que se miente
que anda enamorada de nuevo.
No le bastaron las ajadas cicatrices
que aún no sabe si han cerrado,
ni las palabras de esos poemas que anda escribiendo en su cuaderno.

Sonríe al fin y al cabo,
Victoria intenta saber que la vida
es ese arsenal de malas decisiones,
pretende entender que el amor
es eso tan humano como ella.

El espejo queda solo
ella lo ojea
entiende que quizás la otra Victoria
tenga la razón
y no le importa,
les queda una vida para seguir
pintándose los labios,
enamorándose del mundo.






Pactos para intentar un sueño

"La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa"
Erasmo de Rotterdam


Hemos caminado hastiados media historia
entre huellas de mentiras y miedo,
nuestras familias en pantanos de sangre
alabar la muerte como un santo patrón de todos los días
en el infinito cielo inalcanzable.

Entonces dejemos los campos cumplir su función
de sonreírnos las mañanas,
veamos nacer los amaneceres en los ojos de nuestros hijos
y correr los ríos entre las montañas sin que viajen los gemidos.

Nuestras abuelas y su olor a tierra mojada
soñar las plazas llenas de manos que labran la fruta
en la boca de las mujeres saciadas 
de amor y esperanza.

Cantar, cantar a viva voz desde el vientre fértil
No vamos a parir desdichas,
mirar a los amantes dormir la siesta de la tarde
sin que llores despedidas,
tomar el café en silencio dibujando el horizonte.

No hay duda que la huella queda,
y que la memoria es un reloj que nos suena en la cabeza
punzando el corazón cansado de tristezas.
Pero aún prefiero besar mil veces esta ilusión romántica que queda
antes que ver empuñar otra generación valientemente sus fusiles.






Lugar de origen

El eucalipto se cuelga de los amaneceres
a dónde van los pájaros.

El campesino desanda los caminos
silba entre la cebada una canción para sus hijos,
su mujer se acomoda los cabellos
con esas manos de pan
que llevan consigo la esperanza.

La vaca lame el ternero
él mama la leche con los ojos cerrados.
Una tropa de gallinas escarban la tierra,
mueven sus alas como intentando un vuelo.

La plaza tiene el olor del jengibre,
las abuelas desgranan arvejas, mazorcas y habas
sonríen en el rostro la evidencia de los años
algo ya cansadas.

Un río de mariposas oscuras
como un río de cenizas
esperan ese perfume de las flores mojadas,
estallar en los párpados de la brisa,
esa que es mensajera de las albas.

Es aquí mi lugar de origen 
en estos arbustos parieron mis raíces,
las piernas de mi madre se abrieron
al compás de la luz de mis ojos.
Nacieron mis sueños en los labios de mi abuela
recitando universos de palabras.

Luego la arena cubrió los pinos
el barro penetró las aguas.
La herida es una llaga
sangra en el rostro de las máscaras.

Mi lugar de origen se ha marchado
sus huellas las atrapó el asfalto,
yo recojo las semillas de los años
con las manos moribundas

ásperas y rasgadas.





Recital de poesía ofrecido por Fabio Andrés Delgado Micán en Bogotá:


Respirar a dos voces. Reseña del libro ¨Asma¨


Reseña de Jorge Valbuena


Libro de poesía: Asma
Autores: Edwin Gamboa – Fabio Delgado
Editorial: Piedra de toque, Poesía ambulante. Colección Estampillas Poéticas.
Bogotá 2015

Los poetas han dejado de ser hijos de la divinidad pero no por ello menos dioses. Acaso nuevos dioses, dioses otros que se precipitan a edificar  con las hebras de sus angustias altares remotos, escenarios donde pueden trocar máscaras por destierros, balanzas por aire, sobras de eternidad por retazos de asombro. Todo ello como una constelación de incertidumbres.
Así el panorama de Asma; libro que teje una alabanza para el incendio, libro que alza la voz para el despojo, eco enfermo de gritos. Ninguna temporalidad, señal, hilo que nos destine a cuidar el paso en sus páginas; es la forma del cuerpo errante que hemos sido y que tienta a sus reflejos a olvidarse, pero quedan las marcas, el hollín, las cicatrices, llanto en las arterias para ser uno contemplado en la tempestad del otro.
Son dos voces que se confabulan para migrar, hacer un viaje al respiro como única sentencia de nuestro paso por la historia del viento, tempestad que se hereda, escudriñan en el aliento las espinas que han quedado ancladas al dolor y al juego. Edwin Gamboa y Fabio Delgado crean en Asma otra forma de acceder al tiempo, lejos de la línea horizontal que a diario nos asoma en nuestras acciones e intercambios, nos entregan a las fugas que convulsionan en nuestras emociones, las formas que contiene el recuerdo y los instantes, sin asemejarse a la presunta lucidez que hemos inventado para revelarnos:

Gamboa traza:

¨También hay madera de la chimenea de la infancia,
el dulce silencio de la lectura en la habitación,
el gorgojeo de la lluvia que cae, anocheceres más
bellos que la tarde y horas de la noche
que nos acercan a la divinidad
(no hay otra divinidad  que el reino de las palabras)¨
  

Delgado rema:


¨Hay disparos fuera de mi casa.
adentro casi todos están muertos
y beben café negro
en los rincones.

En las escaleras se sientan los desaparecidos
buscando respuestas
en las ventanas.¨

Es en las ruinas que acontece el tiempo, como otra víctima del miedo y las circunstancias, el pasado deja de ser una sombra compasiva. En Asma se transcurre sin inicio, ni límites, ni destinos, el tiempo es un juego más de las derrotas. El verbo no toma distancia ante sí mismo, las palabras hilvanan de nuevo los asuntos que ya han sido sometidos a certezas, los briosos asuntos del pasado que vuelven a pasar, por Ítaca, esta ciudad, la pintura, la rebeldía, las masacres, el ajedrez, la guerra, la ebriedad, la literatura, el amor, los atardeceres, la calle, Penélope.
No pretende la revelación ser parte de estos ahogos, no hay epifanías que marquen una distancia entre el yo y su entorno, sino un paisaje que entrelaza un todo a su caída, en lugar de la descripción proponen el enfrentamiento, en lugar del ritual proponen la desmitificación; el poema se ofrenda a sí mismo y sus detalles son solo piezas de un extenso tapiz que es la humareda del mundo, templadas allí con la azarosa minucia con que invaden los recuerdos.


Texto publicado inicialmente en: http://www.laraizinvertida.com/detalle.php?Id=1806

Edwin Gamboa y Fabio Andrés Delgado Micán


A continuación, presentamos dos poemas de los autores Edwin Gamboa y Fabio Andrés Delgado Micán.



FABIO DELGADO

Nació el 6 de abril de 1985 en Soacha, municipio de Cundinamarca, Colombia. Estudió Ciencias Sociales en la Universidad La Gran Colombia. Ha publicado en una serie de revistas de poesía varios de sus trabajos, ha sido gestor de colectivos literarios como VOCES DE QUIMERA en Bogotá y de grupos culturales como SEMINARÉ en compañía de Leidy Gutiérrez, Edwin Gamboa y Diego Landinez, colectivo cultural que les permitió trabajar desde una visión más amplia las Ciencias Humanas.




ARTE POÉTICA

De todas las autopsias que los poetas le han hecho al viento,
de los banquetes ofrecidos en sus casas
devorándose el amor;
de esas alhajas de amargura que les obligan las manos
a limpiarse sus bocas con la nostalgia,
esa otra alhaja,
No ha quedado nada:
solo una cacería de dioses
que se matan a sí mismos.


***


EDWIN GAMBOA

Nació pobre y feo. Le tocó en suerte nacer en un país con el tercer mayor índice de asesinatos en la región, Colombia, y para no matar -o no matarse- dedica sus horas a la literatura. Estudió Filología Clásica en la Universidad Nacional de Colombia y adelanta estudios de posgrado en el Instituto Caro y Cuervo, de donde es, actualmente, profesor auxiliar; trabaja también como docente en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá. Hoy en día sigue siendo pobre y feo.




ÍTACA

“Yo soy tu laberinto…”
(Lamento de Ariadna, Nietzsche)


Los años han ajado la piel de Ulises. Las manos ásperas beben la sangre de los pretendientes. Es de noche y hace frío. Penélope, insegura, no se acerca al hombre envejecido: le cuesta creer que el más astuto de los hombres sea ahora un escombro del joven hermoso y fuerte de hace veinte años. Ulises la mira sin dejar de buscar con las manos la palangana para lavarse la sangre homicida. Su cuerpo de animal terrible todavía está tenso por el combate de la tarde y se mueve con torpeza. Afuera hay prisa, los sirvientes deben limpiar el desastre antes de que salga el sol, pues mañana correrá la noticia del regreso de Ulises y vendrán a saludarlo los generales amigos que combatieron en Troya y que aún le sobreviven. Adentro, Ulises no piensa en el alba ni en sus hermanos en armas. Él, que toda una vida antes humilló al cíclope y anduvo entre los muertos en el Hades, tiembla de miedo porque Penélope, acaso, ya no lo reconoce. Habría preferido perderse en la negra noche a regresar para terminar sus días sin ella. Triste destino. Ulises se incomoda, se embruma. Los años de aventuras le enseñaron que el olor de las olas ayuda a pensar. Se levanta torpemente, animal angustiado que quiere escapar, héroe vencido por sus entrañas. Ulises alcanza el umbral de la puerta cuando una mano lo detiene. Penélope lo abraza y llora un poco.

Hace tres lunas Ulises desembarcó secretamente en la isla, pero solo hasta ahora Ulises se ha reencontrado con Ítaca. Ulises es todos los hombres: amarra sus naves al puerto del abrazo de Penélope e intenta una sonrisa. Ulises, cansado animal, Ulises expectante por el mañana.





Edwin Gamboa lee un poema de Javier Moyano Rabiarte:






Fabio Andrés Delgado lee uno de sus poemas: 


11/03/2016

Guillermo Molina Morales




Guillermo Molina Morales (Zaragoza, España, 1983). Poeta y docente. Ha trabajado como profesor de lengua y literaturas hispánicas en la “University of the West Indies” (Trinidad y Tobago). Actualmente se desempeña como docente e investigador en varias universidades de Bogotá. Como poeta, sus principales obras publicadas son Estado de emergencia (Hiperión, 2013) y Epilírica (Hiperión, 2008), con los que ganó, respectivamente, el IX Premio internacional de poesía “Claudio Rodríguez” y el XI Premio internacional de poesía joven “Antonio Carvajal”.



Uno

Quedó la ventana. Para ver los anuncios
Pasar. Y los pastores: amarás a todas las cosas.
También: a las mujeres (vos, mirando). A
Los hombres (yo, él, ellos). Amarás
Como se ama a los aviones. Sus palabras
Cayendo sobre nuestras cabezas. Ya no queda
Ni una casa que tirar. Tan sólo
Quedó la ventana. Y las palabras que pisamos
Porque no son las nuestras, porque a veces
Es mejor pisar la rosa que así es la rosa y seguir
Mirando. Mirar, soñar, gritar acaso: te amo a través
De los cristales, tantos, tan densos, no hay: una forma
De escapar. Tus cuadros: cristales. Mis palabras:
Cristales. Mira ahí: abajo: es Wall Street, el
Miedo. Quedó la ventana. Para llorar por
Grecia, por los parados, por ejemplo. Son como nubes
Y son el viento. Luego escribiréis en el cielo palabras de
Humo. Palabras como Nike, Coca-Cola, Comunismo.
Palabras como PIB, Bolívar, Ornitorrinco. Las sirenas
Con sus luces azules y rojas nos disfrazan de personas.
Para ser persona hay que haber nacido aquí.
Aquí, la ventana. Cada uno en su ventana, y Dios
En su ventana, mirando. El rumor de la hierba, el golpe
Del sílex, el despegue del Columbia. Eran nuestros anuncios,
Las aves espaciales: augurios. Entonces dijo Dios:
Primero serán las vacas gordas, después los cerdos.
Lo pasaron en el intermedio: de un programa
Sobre mesías y fines del mundo. Después
Sólo quedó la ventana. Y los padres, sus pancartas: son azules
O son rojas. Era bonito, pero duró. Como dura el progreso,
El estipendio, la persona. Si cambias de vela, volamos:
Que caminen los ciegos, que anden los sordomudos,
Que los calvos paseen, es posible. Que se borre
La Deuda que escrita está en el cielo: No
Es Posible. Y además no existe el cielo.
Sólo existe la ventana. Y la hierba que no pisamos
Porque es un cuadro de Monet. Y sus lagos: no
Podrás lavar tus manos, llenas de tinta. Nunca
Tocaste un solo nenúfar. Nunca has amado. Mejor
Es caer a un arroyo, a una guillotina. Estoy hablando
De cristales transparentes, de empresas de limpieza. Como
Siempre, hablando. Y la casa, todas las casas, ya las tiraron.
Quedaron las ventanas. Que no son de nadie, de quien las mira.
O, más bien, de lo mirado. Amarás a todas las cosas.
Como se ama a los aviones, el día del desfile, los soldados,
A todos os tuve una noche: a nadie he amado. Era lo justo que
Te fueras, si es que existe lo justo, si es que alguna vez te fuiste
Cuando yo estaba: mirando la ventana. Quedó, el hueco:
Quedaba. Un hueco en medio del vacío.
Y alguna palabra falsa en mi corazón.





Todos al suelo!

Esto es un poema!
Y esto es una pipa y esto una pepita y esto una sandía
Y esto Macedonia y la guerra y esto son las ganas
De amar a los banqueros
(Los banqueros son unos señores muy malos
Pero son humanos al fin y al cabo
Te comerán)
También podemos morder con furia una almohada
O morirnos a gritos siguiendo un elefante
O podemos darles con un canto
En sus dientes de princesa
Lo digo porque a lo mejor vienen luego y te dicen
Esto es una hipoteca
El mundo es una suma de factores
(Los banqueros van al cielo en Business Class)
Lo digo porque a lo mejor vienen luego y te dicen
Esto es una democracia
El menos malo de los mundos posibles
(Los banqueros ven la tierra desde Google Earth)
Porque a lo mejor sucede
Que podemos cambiar el mundo
Que somos tantos que al final podemos cambiar el mundo
Y esto es lo imposible y esto no es y oh la la
Y oh my god y esto es el coco
Y duérmete ya
Una democracia es una democracia es una democracia es




Crisis / Oportunidad

Es muy fácil decir: no ha sido mi culpa
Más difícil sería: Pablito puso un clavito
Y el más difícil todavía: ¿Qué clavito clavó Pablito?
¿Es culpa de las palabras
O del empresario que explota a Pablo Gutiérrez Gómez?
¿Qué fue antes: el capitalismo
O la madre que lo parió?
Yo no sé qué clavito clavó el amigo Pablo
Pero sé bien que si clavamos tanto
Y la suciedad se va en un bang




Revolución

Fuimos a identificar los cuerpos
A la última planta del hotel
Efectivamente el hotel era nuestro hotel
Lo que era muy lógico teniendo en cuenta
Que nunca en la vida habíamos salido del hotel
En el comedor varias pantallas retrasmitían
Lo que pasaba en las terrazas del hotel
Algunas ventanas se iluminaban a veces
Y otras no
Nos gustaba imaginar lo que pasaba dentro
Habíamos olvidado por completo el nombre del hotel
Pero de todas formas era nuestro hotel
Nuestras eran las sábanas que cubrían los cuerpos
Y los cuerpos eran los nuestros también





Azúcar

Asúúúcar
Celia Cruz

¿Cansado de la vida en el viejo continente?
Súbete al barco que marcará la historia
Cada minuto con el sol en tus manos
Encadénate al sueño del Caribe
Es el Caribe
De palmeras tan altas como muros
De playas tan largas como desiertos
De aguas tan profundas como fosos
No podrás
Desear nada mejor que esta isla
Un lugar donde la paz nunca termina
Y donde tú serás el centro de nuestro interés
Ya hemos llegado al paraíso en la tierra
Ya todos quieren darte la bienvenida
Así que bájate del barco y disfruta
Negro de mierda




Seguridad

Barbados fortalece su control de fronteras
Es la estación seca
Y uno se pregunta dónde mirar
Fotografías de corales
Su color de sangre floreciente
Su impaciencia de colonia animal
La hierba cruje a cada paso
Y uno ya no sabe adónde mirar
Fotografías las palmeras
Su silueta de garra falleciente
Su indiferencia de sables contra el agua
Barbados fortalece su control de fronteras
Mientras Bin Laden se muere de tristeza
En el fondo del mar







Extrañar

No sé por qué corría tanto
Pero sé
Que cada vez que estaba quieto me hundía en el mar
El mar era un ejército de elefantes azules y muertos
Un ejército que se mece tras un bosque de palmeras
Siempre a la espera
Yo no sé a qué espera un elefante que es azul y que está muerto
Pero era necesario seguir corriendo
Como corre el ratón sobre la rueda sólo que
La que giraba es la Tierra y yo en la isla
Tratando de no caer nunca al mar
Y caía siempre
Sobre una tela de arena donde los elefantes se balanceaban
Donde los elefantes se balanceaban ya sin miedo alguno
En parte porque los elefantes eran tan azules
Y en parte porque estaban muertos
Amanecía
Por todas partes amanecía en la isla el tiempo que pasa
De largo por más que alargue mis manos al sol para
Que no que no se hunda al final del día
En este mismo mar
En este mismo mar de elefantes que no son símbolos sino que son azules y muertos
Yo no sé entre cuántos elefantes habrán estado ustedes
Entre elefantes que se balancean y que son azules y que están muertos
Pero en verdad les digo que dan muchísimo miedo
Que dan miedo incluso cuando eres el sol
Yo no era un sol
Yo nunca he sido un sol ni cuando el mar era de agua
Pero de todas formas vos todavía me esperabas
Igual que si fueras un faro en llamas
Al otro lado del mar




Sabiduría popular

En Argentina piensan que los chilenos
Son los culpables de cambiar las fronteras de Patagonia
Y también de cambiarle las costumbres a Maradona
Y de cambiar el invierno al mes de agosto
Y del cambio climático en general
El presidente de Venezuela acusa a los colombianos
De tener más jorobas que los propios camellos
Y de haberse inventado un Premio Nobel
Para llevarse la droga hasta Suecia
El de Colombia acusa a los venezolanos
De haber inventado el reggaetón
Los gringos saben de buena ciencia
Que los mexicanos son animales de tres testículos verdes
Pero los mexicanos saben que los testículos verdes
Son una cualidad intrínseca de Guatemala
Y que además tienen cinco
Me lo aseguraron cuando vivía en Pachuca de Soto, Estado de Hidalgo, México
Y yo les comentaba un viejo proverbio chino que dice:
Tú blanco de mierda te voy a cortar las pelotas
Y las voy a freír en una salsa agridulce
Con un toque de pimienta y
De perejil
Otros traducen este proverbio diciendo:
El problema ahora es que la jaula
Está en el interior del pájaro

***

Ya no crees en lo que digo y sin embargo
Todo lo que digo es rigurosamente falso
Tan falso como el amor de un tren de cercanías
Que abraza veinticuatro veces al día París
Lo mismo que un tren de cercanías
Yo sólo soy el hijo bastardo de una noche
Que cansada de esperar en la ventana
Se lo montó con el caballo del príncipe azul
Galopa, galopa, caballo del oeste
Galopa a todo trote y no te pares
Hasta que lleguemos a la tierra prometida
O me oigas gritar como una esclava del Demonio
Galopa, galopa, caballo de los días
Galopa a todo trote y no te pares hasta
Que me destroces las entrañas
O me des un hijo como el sol
Pero salí yo, que soy castaño
Y el tren, que es de cercanías
Ya es tarde para reclamaciones
Y las palabras sólo son mentira

***

Era yo
Era yo y mi familia y mis amigos
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, por cierto)
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, por cierto) y el niño que le enseñaba sus órganos genitales masculinos durante el recreo
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, a ver si te das por enterada) y el niño que le enseñaba la polla (abreviando) y el cantante chino del que se enamoró (mi vecina, no el niño) comiendo rollitos de primavera
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que un versículo después sigue sin haberme devuelto el libro (a ver si te pasas por casa y te olvidas del cantante chino y ya de paso…) y el niño que le enseñaba la polla y el puto cantante chino y la camarera que la sirvió (a mi vecina) y su hija (de mi vecina) y su compañero de clase (ignoro si le enseña el pirulín) que ahora es alumno del niño exhibicionista (ay, el tiempo) y un bielorruso que no conozco y, en fin,
Era el mundo entero
Lo que pediste al pedirme que me entregara enteramente a ti
Porque yo no soy enteramente yo si no es con este mundo que me rodea
Y mi nombre es sólo una palabra si no la pronuncian los demás
La pena de tu Dios
Fue que nadie pudiera pronunciar su centésimo nombre
Por eso no tenía principio ni tampoco tenía fin
Me recordaba a las noches en Islandia
Con lo que a mí me gusta el sol cuando se pone
Y hace que mi sombra sea larga como un camino
Y lo mejor de este camino es que se mueve cuando yo me muevo
Cuando alguien me llama, por ejemplo, y me dice ven aquí
Y me hace probar sus palabras, a veces llenas de miedo
Llenas de dolor y de miedo a la vida
Y yo que soy tan egoísta canto por ellos
Canto por Helena y canto por Martina
Canto por mi madre y por el bielorruso
Canto por unirnos y es que estamos tan solos
He visto que las palabras pueden hacernos llorar
Y tú que me pediste
Que me entregara enteramente a ti justo cuando
Ya había perdido la virginidad
Y las ganas de encontrarla
Quien ha mordido la tierra conserva su sabor entre los dientes
Quien ha probado la sangre ya no podrá alimentarse de agua cristalina y de miel
Vivo en la tierra y no soy la única persona en este mundo
Mis labios son la muralla de una ciudad
Que no me pertenece

***

Yo le doy una rama y ella vuela como un pájaro
Y me envía postales de los lugares más lejanos
En las que siempre se dibuja un camino
Que yo sigo sin pensarlo
Al fondo está el mar, siempre el mar
Y ella siempre, ella siempre esperando
Mientras rompen a sus pies las olas
Que buscaban una orilla desde tiempos de Homero
Y justo cuando las olas amenazan con ahogarle
Ella se marcha volando como un pájaro
Y nadie sabría decir desde la tierra
En qué rama acabará este vuelo
Cada vez que alguien me pregunta
Yo le digo que es muy fácil encontrarla
Que basta con subirse al cercanías
Y ya no bajarse hasta la última parada
Y es así cómo un día
La encontré sosteniendo el mundo
Igual que si fuera una manzana
Y la vida fuera un mordisco





Capital

Suena la lluvia o las gotas de la lluvia
Que amansan o que golpean la ciudad de Bogotá. Rebrotan
Los vendedores de paraguas, los compradores, los paraguas. Los tejados
Son los primeros en desarrollar escamas con su arcilla. Hay montañas
Que envidian o que dibujan el único rascacielos de la ciudad.
Suenan las gotas de la lluvia como monedas arrojadas con rabia. Si la rabia
Crece, crea silencios o estrellas entre las tejas. Nos gusta creerlas
O recrearlos, comprar chubasqueros con sus logos, zapatillas. En los charcos
Hay peces de colores o que nadan. Bogotá es una urbe
Con más de ocho millones de personas vivas.
El sonido de la lluvia es para todos por igual.





Joaquín Zapata Pinteño




JOAQUÍN ZAPATA PINTEÑO Nació en Elche (Alicante), España. Tras el Bachiller opositó para el ingreso en la Academia General Militar, desistió tras tres años de milicia e inició estudios de Arquitectura Técnica. En 1967 ingresa en el Cuerpo Técnico de la Administración, once años después pide excedencia para ejercer como Procurador de los Tribunales. Se diploma en Derecho de la Unión Europea y en Alta Dirección de Empresas y dirige un despacho profesional por más de treinta años.
En Madrid se diploma en Biomagnetismo Médico y en Cuba obtiene el Postgrado en Medicina Natural y Tradicional. Es miembro de la AMECA, Asociación Médica del Caribe y crea en Bogotá una Fundación Médica. 
Marino y poeta vocacional. Hace parte de los Talleres Poéticos dirigidos por los poetas Jaime Londoño, Jhon Galán Casanova y Alberto Rodriguez Tosca, que asesoró en la publicación de su primer libro de poesía que recoge poemas desde 1980 hasta mediados de 2015.


LOS VIERNES, EN EL JARDÍN

Sin querer,
todos los viernes se ponían cita en el jardín.
Adónde van los besos,
las palabras se miran sin querer.
Y sin querer
los ojos se desentienden de sus lágrimas.
El jardín era jardín
sólo cuando ella lo miraba.





DECAPITACIÓN

No era su cuerpo el metal,
ni un tren estacionado en un desierto,
ni la sangre muerta,
ni años el otoño.
No eran suyos ese cuerpo ni esa piel.
Eran racimos de la memoria descolgándose
sobre el septiembre de los otros,
como una festiva decapitación
sobre los carriles del tren.





NO SÓLO POR ESO


Sobre una nube esculpió su rostro a golpe de rocío. Una granada con sangre, abierta a gajos, descendió de su cénit hasta ella. Dentro, el hombre aún sin crecer. La nube se des- vaneció y ahora, cuando miro al cielo, veo como hila sus jirones y oigo la voz gregoriana de aquél niño. A la esculto- ra de nubes debo este reencuentro. Por eso debo amarla. Y no solo por eso.







Joaquín Zapata Pinteño presentando su
primer libro en la Librería Trilce de Bogotá.



Noche oscura

Jornalero de la noche,
negro salario a la espalda,
hace y deshace pasos,
siempre la cabeza gacha
A su invisible compaña
habla sovoz
arrendando unas palabras
Caminador de las lunas,
perseguidor de guadañas,
sordo a las voces que callan,
ciego a las oscuras horas
y mudo para nosotros
que decidimos pararlas
matando cada jornada
el orto de su esperanza
En ese hacer y deshacer sus pasos
que un grave silencio acompaña
hasta se le niegan trinos
al soldado centinela
de todas las madrugadas
Nuestros mundos separados
que las heridas c0nsagran
se cruzan en los caminos
al despertar la mañana
Y los fantasmas drogados
con refugio en las entrañas
se despiertan asustados
porque la conciencia ladra
estertores de pavor
a la miseria callada
El jornalero nocturno
tiene un temor que es el alba
Nosotros la noche escura
la noche  oscura del alma





Emperador


Desde mi sillón burdeos
le llegan a la mirada
 cuatro planos verticales
Verde cima de los Andes
con una bufanda blanca,
las fachadas de unas casas
                                      en piedra, curuba y alba,
el oro-azul de unas rejas
y el cristal de mi ventana
Toda la tarde se inunda
del oro intenso que irradia
 ese  gran emperador
que hacia el Occidente se marcha
Pero está ansiosa la noche
por extender su gran manta
que va tragándose cimas,
evaporando bufandas,
borrando los horizontes,
ocultando las fachadas
y a todos los arcoíris
robándoles su arrogancia
Ya no hay paisaje exterior
que se grave en la mirada,
solo luces que titilan
cuando la mirada es alta
Desde mi sillón burdeos
solo veo un lienzo negro,
la noche está consumada
y también el pensamiento.





Frío recuerdo     

Es yerto el paisaje
que la luz de tus ojos refleja,
es agudo y frío,
es un lago helado
oscuro y profundo
Es gélido el aire
que al pasar me dejas,
perfil de cristales
de aristas cortados
y oscuro el camino
que trazan tus pasos
de indelebles huellas
Tan inerte es el recuerdo
que más que pasado
me parece un sueño
del que se despierta
queriendo olvidarlo
----------
Verás pasar tu primavera
por la inmensa planicie de tu otero
veloz como la nube solitaria
que rauda vuela su etéreo camino
Intentarás seguirla en tu mirada,
buscarás de nuevo otra montaña
de cúspide más alta, más inédita
y al subirla, torneando,
no verás otro paisaje
que el otoño inesperado de tu vida
con sus hojas pálidas, caídas,
abrigando con su manto
tu lánguida nostalgia
Y en tu crisálida retina
quedarán impresionados
nubarrones de recuerdos
de otras vidas, que trazaron
la tuya como cautiva
En la ambición de subir más alto
llegará el transcurso de tu invierno,
pereciendo, caminando entre sus nieves,
para volver, entre cenizas invisibles,
a subirte en la cima de otro otero
Ya todo estará con su armonía
y con su inmenso silencio




Los versos resurgidos

Hoy se me niega, poema, tu escritura
y el compás de tu música escondida;
oculto está tu sonido entre fonemas
temeroso, oprimido, acallado,
prisionero del silencio
En la noche, sin estrellas, de su olvido,
en este laberinto de Teseo,
el hilo de Ariadna voy buscando
de lo que pudo ser tu métrica y tu ritmo
Con el alba llegará mi musa
y en su arpa la música escondida.
Dejarán su mausoleo los morfemas,
saliendo de su silencio, palpitando,
los versos que nunca perecieron

8/21/2016

Sustancias que nos sobreviven


A continuación, comparto unos poemas del libro Sustancias que nos sobreviven, de Alejandro Cortés González. El libro fue publicado en 2015 por la Universidad Industrial de Santander.
Al final podrán encontrar unas palabras que el también poeta Guillermo Martínez González escribió a propósito de este libro.









Los aguaceros

Todos tenemos unos zapatos que llaman los 
/aguaceros:
los más blancos
los que más grabados de calle traigan en la suela

Acuérdate de mis zapatos de lona blanca
Te parabas en ellos y éramos la misma sombra
Aunque la suela fue desprendiéndose de la costura
tu pie nunca tocó el suelo

Acuérdate de ellos tirados bajo la cama
en un crujir de tablas
Su boca tragaba los ácaros de la noche
y recibía mi pie desnudo
para ir a desayunar

Acuérdate de cuánto te espantaban la vejez y 
/suciedad que afligían a sus telas
Es una epidemia -pensarías-
que se extiende por mi pie y por el tuyo
y nos contagia todo
La suciedad no enloda si el recuerdo es limpio
la vejez no corroe si el recuerdo es joven
lo que mata no es la muerte
lo que mata es el olvido
Entonces acuérdate de que lavar esos zapatos
invitaba a la lluvia y al agua de charco
a entrar por donde la suela se alejó de la costura

Acuérdate de los saltos para huir de la tormenta
y escampar en los cobertizos
Tus pies empinados encima de mis zapatos
para que bajo el paraguas existiera el beso
Acuérdate
hoy que llueve
y es de noche
y no estás conmigo
Seremos distancia
nos haremos viejos
pero nuestra edad siempre será la que teníamos 
/en el último recuerdo

Rescaté mis zapatos cuando los exiliaste al armario
Corrieron con los tuyos y nadie estuvo solo
se pararon bajo los tuyos y ambos estuvimos a salvo
porque las aguas no pudren si el recuerdo es limpio
las noches no tiznan si el recuerdo es diáfano
tú ya sabes qué es lo que mata
acuérdate
hoy que llueve
y es de noche
y estás lejos
y no me nombras
como mis zapatos
nombran los aguaceros.






Satélite

Esto fue lo que tu nieta menor dijo la noche que perdió su premier globo: “Se rompió mi bomba, por eso la luna me acompaña.” Le contó lo sucedido a los gatos de la casa; abrió un libro y nos inventó historias de gatos con globos, para que pensáramos que a sus tres años, ya sabía leer. 
¿Que por qué te cuento esto?... Bueno… A veces me da por hablarte… tú sabes… sentir que aún nos miras. Le tomo cariño a la idea de que todavía cuidas de tus hijas, de sus hijas, y te vuelves satélite para acompañarlas, cuando se rompen los globos. 







Ofrenda del abismo


Para un nacer de alas
el acero deber cortar la carne y arrojar el cuerpo

No es el cielo quien otorga el vuelo
Es la caída.








Home sweet home


Los sábados durante mi último año de colegio, recorría discotiendas en busca de música de Mötley Crüe. En un almacén del barrio Galerías encontré en acetato Dr. Feelgood, su álbum más reciente. Anduve las calles del centro, desde la diecinueve hasta la veinticuatro, y conseguí Girls, girls, girls también en acetato, Too fast for love y Shout at the devil en CD, y por encargo, después de dos meses de trámites de importación, Theater of pain en casete. Tan pronto lo tuve en mis manos lo metí al walkman. La quinta canción del lado A era mi favorita: Home sweet home. Me notó tan feliz el vendedor, que me regaló dos afiches de la banda. Mi papá los vio pegados en la pared de mi cuarto. Vio los acetatos. Los cedés. No entendió lo del maquillaje glam. No le gustó eso de gastarse la plata de las onces en música, como si la ausencia de música no dejara más vacíos que el hambre. Lo rompió todo, hasta la tarjeta del almacén de Galerías. Pasé el resto de sábados del bachillerato lavando las paredes de SU apartamento, escuchando en mi walkman el único casete sobreviviente y aprendiendo que Home sweet home, es una canción de despedida.



***



Sustancias que nos sobreviven: las ciegas constancias del poema

De Guillermo Martínez González, Bogotá, 23 de junio de 2015



La poesía exige un conocimiento lento e intangible, sus dominios verdaderos pertenecen en última instancia a lo invisible,  a las percepciones del silencio.  En los transbordos del alba, en la página en blanco, en las fisuras del tiempo y en los paréntesis de eso que de manera torpe llamamos la realidad, de eso con que designamos el goteo menesteroso y utilitario de la vigilia, desata el sentimiento de lo perdido,  la nostalgia del paraíso, la turbulencia del destierro.

A todo aquello se refiere sin duda este aforismo de la última parte y que de alguna forma concentra el sentido secreto de Sustancias que nos sobreviven y constituye la brevedad de su Poética: “Vocación por compensar al mundo tiene la poesía. Allí aparece lo que acá se extingue. En la gruta del verso, la presencia del vacío”.

 Luz Elena Cordero, una de las jurados que concedieron a este libro el Premio Nacional de Poesía UIS 2014, señala de su lado, entre otros aciertos, el tono preciso de Sustancias que nos sobreviven para rescatar objetos concretos que sobreaguan en los intersticios de la disolución: “La poesía, como el sueño o la memoria, despierta las sensaciones que parecieran sepultadas en el olvido para devolverles su espacio y su tiempo, aunque estas duren un parpadeo o habiten en un verso”.

El libro de Alejandro Cortés con el rango del vuelo de la mariposa, fluye espontáneo, se llena de densidad sin aspavientos, está allí con el fulgor de las cosas, con su prolongación instantánea, su evocación exacerbada que nos remite a cada paso a su vacío, a su extinción. Las recupera porque ya no existen, o están a punto de desaparecer. Su ritmo sencillo es engañoso, se concentra en un punto ciego, en la unidad oculta del ser y no ser, de lo que creamos para sobrevivir, para obtener el respiro sobre lo que ya está amenazado por la nada: “La poesía necesita del vacío para habitarlo”, escribe de manera mucho más contundente, en otro de sus teoremas del final de Sustancias que nos sobreviven.

Los poemas de Cortés González inquietan porque no se sabe si las cosas gravitan sobre nosotros, nos entregan su alma y nos definen, o si, por el contrario, somos nosotros los que las convocamos porque nos salvan al establecer un equilibrio esencial que nos preserva de la nada.  De esa línea imprecisa entre el sujeto y las cosas, se abastece el texto, recupera por momentos la intensidad de la existencia, la libertad  que otorga lo gratuito, el canto del pájaro, el don de la unidad:

Acuérdate de mis zapatos de lona blanca
Te parabas en ellos y éramos la misma sombra
Aunque la suela fue desprendiéndose de la costura
tu pie nunca tocó el suelo.

Sustancias que nos sobreviven, habla de una infancia profunda anclada en la memoria y que se intenta recuperar contra el despojo. Por momentos se revive en los acantilados de la noche, de una realidad que muchas veces es brutal. Recuérdese por ejemplo aquel poema en el que las especies de la tierra y las especies del aire sólo se reúnen para las ceremonias sangrientas de la sobrevivencia, o aquel otro, escenario de pena, en donde la canción Home sweet home, recalca que la relación con el padre represivo es sinónimo de ausencia y despedida.

Y  habla no sólo una infancia perdida, sino un país sumido en el desarraigo, anclado en el abismo, invadido como una casa del dolor por el crimen:

Degollaron al ruiseñor y tú en tu cántiga
Mutilaron la flor y tú tan espina de crisálidas
Cosieron tu boca para el grito, no para el canto
En el filo que destaja al mundo suena un tambor de manos atadas

Te lloran el Rin y el Magdalena
Tu madre envejeció veinte años de lágrimas
Agua apozada en erizos de cuarzo

No en vano se menciona a Dios en dos o tres poemas, no sin una cierta y marcada ironía. Lo que subyace en el libro de una manera no estentórea, es la soledad radical del hombre, su condición de indigencia. Se invoca a Dios porque estamos  expuestos, en una especie de teología negativa que subraya el abandono, los terrores que no han desaparecido desde que aquel hombre remoto de la caverna sufriera las primeras confrontaciones de la realidad y la vida.  



 Texto publicado originalmente en: http://www.alejandrocortesgonzalez.com/detalle.php?Id=61




***




Alejandro Cortés González (Bogotá, 1977) ha publicado los libros Notas de inframundo (Novela,Pero la sangre sigue fría (Poesía, 2012) y Sustancias que nos sobreviven (Poesía, 2015). Ganador del Premio Nacional de Literatura de la Universidad Central en las categorías Novela (2009) con Notas de inframundo, y Cuento (2011) con Él pinta monstruos de mar. Ganador de la Beca de Circulación Internacional para Creadores del Ministerio de Cultura (2013), con la que participó en VII Festival Internacional de Poesía en París. Ganador del VI Concurso Nacional de Poesía UIS (2014), con Sustancias que nos sobreviven. Ha sido invitado a encuentros literarios en Suramérica, México y Francia. Es miembro de la Fundación Trilce y coordinador de la programación cultural de la Librería Trilce en Bogotá.
2010),

7/23/2016

VERSÍ-CULO PRIMERO de Jonatan Jiménez


Reseña escrita por Michael Benitez Ortiz el 27 abril, 2016

En un principio lo que llama la atención es la portada: un Cristo bogotano, con una aureola de humo que surge de un Mustang azul en su mano derecha, y con una botellita de Old John comprada en Las Nieves en la izquierda. Ustedes se preguntarán que por qué sé qué marca de cigarrillo fuma Cristo y dónde compró el trago, pues muy sencillo: yo lo acompañé.

Hay que decir que Jonatan es mi amigo, así que no esperen neutralidad en este texto. Aunque, en términos estrictos, el que espere neutralidad en una reseña literaria hecha en Colombia es muy ingenuo: todas están compradas por las editoriales para que libros malos se vendan, o los mismos autores las cambian por invitaciones a festivales, premios literarios, o el prólogo para el último libro de poemas. Los escritores mediocres se alagan entre ellos.

La poesía, en los escritos de Jonatan, está en la espontaneidad con que se expresa, donde importan poco los tecnicismos del lenguaje, porque lo importante es ser fiel a la vivencia, a la vida, que es donde rockanrolea el poema. Muchos escritorzuelos, sobre todo esos que no han tenido el gusto de comerse un roscón con Colombiana en cualquier panadería de la ciudad, pretenden invalidar esta poesía tildándola de vulgar y simplista, de ser un siamés con dos rostros de Bukowski; a los que el autor responde sin titubear: ¡muéranse de envidia parranda de hijueputas!

Versí-culo primero, me consta, fue escrito como un rapidín: 15 días antes de ser publicado, por eso es un libro lleno de pequeños momentos; esto no lo hace ser, como pensará el lector más despistado y solapado, efímero o desechable, sino que expresa un vivo ejemplo (este libro está tan vivo que si se descuida lo atraca) de lo que es la poesía colombiana contemporánea: donde lo esencial no se encuentra ya en las grandes reflexiones como el amor y la muerte, sino que se halla en la complicidad de un perro o un cigarrillo. Ustedes dirán que de eso ya se ha escrito mucho hace tiempo, pero así como nadie se baña dos veces en el mismo río (menos en Bogotá, qué peligro), nadie se fuma dos veces el mismo cigarrillo, que, por cierto, como señala el autor, es más importante que los condones y, según algunas cajetillas, también sirve para planificar.

En Versí-culo primero existe un rechazo implícito a esa poesía chimba que nos tratan de meter todos los días, y que no falta el bobo que se deja, porque lo único que le importa es que no le metan falso el billetico de $100.000. Versí-culo primero no es un libro de caras lindas y frases obvias. A Jonatan lo pueden confundir con una vieja, si quieren, pero con una vieja fea.


Michael Benitez Ortiz