7/16/2018

Poema musicalizado por Leandro Sabogal


Un poema de mi libro Flores para un ocaso musicalizado por el cantautor y poeta colombiano Leandro Sabogal.
Comparto con ustedes el poema y la versión con guitarra de Sabogal.


ES EXTRAÑO VER tanta sonrisa, tanta mano atada, tanta sombra junta, tanta flor comprometida en las manos de aquellos que caminan por la calle y tú, sin más, sentirte libre. Pero es más extraño llegar a casa, echarte agua en la cara, levantar el rostro y darte cuenta de la aridez que te rodea y que ni siquiera tu sombra te acompaña porque la dejaste atada a otra sombra que pasó desprevenida por el parque.



Poema musicalizado por Leandro Sabogal


Un poema de mi libro Flores para un ocaso fue musicalizado por el cantautor y poeta colombiano Leandro Sabogal.
Comparto con ustedes el poema y la versión con guitarra de Sabogal.



ESCRIBIR POEMAS que te salven de la muerte,
que te salven de los ecos del peñasco,
de los dedos afilados de los hombres,
del invierno que padecen los pulmones,
de la tierra cuando se hace sangre seca,
de la Luna cuando es más grande que la noche
y tienes tantas ganas de abrazarla;
Del deseo por la lluvia en plena primavera,
de la hambruna cuando es el pan diario de los niños;
En fin, poemas que te salven de la misma vida
cuando el cantor es el silencio,
cuando la arena ya no es huella,
cuando ya ni siquiera hay playa,
ni mar, ni gaviota, ni olas, ni nada…
Escribir poemas que te salven de todo
Pero, ¿qué pasa cuando no encuentras un solo verso
que te redima de tu sombra y te salve de ti mismo?






Declamación de Franz Serrano Rodríguez


Un poema de mi libro Flores para un ocaso declamado por Franz Serrano Rodríguez (España).


Poemas del camino en una noche larga




“No sé por qué guardo entre los pasos
La absurda esperanza de encontrarme”

                                        Germán Villamizar


VENGO DEL SILENCIO de las hojas, de la ausencia de los ríos,  del lugar olvidado por los hombres donde sólo habita la sombra de los árboles. Vengo de la estancia donde el zumbido de las ramas es nuestra memoria, nuestro ruego a la Luna. Vengo de la más profunda entraña de esa tierra que se traga los habitantes a su paso: No hay tiempo para llorar en el campo cuando la única arma es el arado.

Crecimos con las plantas y la higuera no da frutos. Nuestros nombres están escritos en los peñascos y nadie nos recuerda. La lluvia, que nos arrulló tantas veces, no da testimonio de nosotros, ni siquiera una gota de rocío se posa en nuestra huella. La única esperanza es arar, arar, arar una tierra que no nos merece.

Vengo del lugar donde las manos son el testimonio de la vida: Gramo a gramo las cosechas dieron forma a nuestra piel y las aves son la voz de los que partieron volando entre bramidos.

Recuerdo a la abuela diciéndome: “Esas son las lágrimas de Dios cuando caen al suelo”. Tengo pocos años y menos heridas que las que tenía papá cuando lo enterramos, pero sé muy bien que las lágrimas no son destellos de fuego entre cortinas de noches y cenizas y cuerpos al viento. Las lágrimas de Dios no pueden ser ese mismo vacío que son las nuestras.

Vengo del silencio de las hojas, de la ausencia de los ríos. No sé para donde voy. Antes de ir al cielo, mamá me dijo cuándo pasar el semáforo cuando estuviera solo, pero no recuerdo cómo hacerlo.



7/15/2018

Documental sobre el libro Flores para un ocaso



Gracias a la amable invitación de la Comunicadora Social Alexandra Ruiz y de la gestión adelantada por ella con ayuda de sus amigos, se realizó este pequeño documental sobre mi libro Flores para un ocaso que fuera editado por primera vez al cuidado de la Liga Latinoamericana de Artistas y por segunda vez por Piedra de Toque. Gracias, también, al antropólogo y pintor Alonso Jiménez y a la poeta Diana Carolina Daza Astudillo por creer en estos textos.
Abajo del vídeo comparto una reseña bio-bibliográfica de quien escribe.
Invitados a que conozcan el trabajo fílmico.





Omar Garzón PintoCon estudios introductorios adelantados en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales en la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Poeta-autodidacta.
Sus poemas han sido publicados en antologías, periódicos y revistas especializadas de Argentina, Chile, Venezuela, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Nicaragua, México, España, Guinea Ecuatorial y Colombia. Ha presentado su trabajo literario en diversos espacios y certámenes artísticos, culturales y académicos de varias ciudades de Colombia. Entre los años 2008 y 2016 trabajó como profesor de Ciencias Políticas, Geografía, Historia, Literatura y Religión en varias instituciones de Educación Básica y Media de Bogotá y como tallerista promotor, difusor y agitador cultural de varios colectivos artísticos y fundaciones de la misma ciudad. Desde agosto de 2016 se desempeña como Director Administrativo del Colegio Van Leeuwenhoek y como Director Ejecutivo de la Corporación ESHAC.
Omar Garzón es autor de los libros de poesía Faro desnudo, editado por la Liga Latinoamericana de Artistas (Bogotá, 2011), Flores para un ocaso, Liga Latinoamericana de Artistas (Bogotá, 2013) y Un poeta es un satélite en constante caída, Senderos Editores (Bogotá, 2015).
Varios de sus poemas han sido musicalizados por el cantautor Leandro Sabogal y su trabajo Flores para un ocaso ha sido traducido al francés, inglés e italiano. Dirige el blog farodesnudo.blogspot.com
Seminarios como exponente:
“Seminario-Taller Poesía y Educación: Crítica, Pensamiento y Sencibilidad: La poesía como perspectiva ética”, dirigido a educadores del distrito y estudiantes universitarios de la localidad de Chapinero (Bogotá). Universidad Pedagógica Nacional. Invitado por la Corporación Ulrika. Septiembre de2013.
“Seminario-Taller Poesía y Educación: Crítica, Pensamiento y Sencibilidad”. Gimnasio Moderno – Teatrino “Don Os”. Invitado por la Corporación Ulrika. Septiembre de 2013.
“Poesía negra en Colombia: De Candelario Obeso a Jorge Artel”. Salón de eventos de la Corporación para la Identidad Cultural, CORPIDENCU. Invitado por la Corporación para la Identidad Cultura, CORPIDENCU, y la Universidad UNITEC.
 
“Ponencia sobre poesía colombiana: Los nuevos, entre la política a la poética”. Universidad Pedagógica Nacional. Invitado por la Corporación Ulrika. Octubre de 2010.
Galardones obtenidos:
 Mención de Honor por ocupar el Cuarto lugar en el VII Concurso Internacional de Poesía El mundo lleva alas. Editorial Voces de Hoy. 2016 (EE.UU.).

 Finalista del Concurso Internacional de Aforismos. Cuponeta Ediciones-Logo Editorial. 2015 (México).

 Finalista en el I Certamen de Poesía Rafael Maya. 2015 (Colombia).

 Tercer lugar en el XIII Concurso Internacional de Poesía Eduardo Carranza. 2015. (Municipalidad de Sopó, Colombia).

 Segundo lugar en el I Concurso de microrrelato “Otoño e Invierno”. Diversidad Literaria. 2014 (España).

 Segundo lugar en el Concurso nacional de poesía “Poetas en Carnaval”. 2014 (Pasto, Colombia).

 Finalista en la segunda convocatoria "Mil poemas por la paz de Colombia". Fundación Plenilunio. 2014 (Cali, Colombia).

 Finalista en el concurso Nacional de poesía “Nuevas voces para la poesía colombiana”. Corporación Ulrika. 2013 (Bogotá, Colombia).

 Tercer lugar en el Concurso Distrital de estímulos para la creación literaria. 2011 (Suba, Bogotá, Colombia).

7/13/2018

¡Aguante, Nicaragua!


Hoy, cuando el pueblo de Nicaragua enfrenta a su más grande tirano vivo, recuerdo el poema que hace unos años le escribí al poeta Leonel Rugama, quien nació en ese país y murió resistiendo y luchando contra la infamia. Al momento de su muerte, Rugama y sus compañeros se encontraban cercados por el ejército que los estaba forzando a rendirse, ante lo cual el poeta respondía con la misma fuerza, ahínco y valentía que hoy demuestra el pueblo nicaraguense contra Ortega: "¡Que se rinda tu madre!", le gritaba el vate a los uniformados que finalmente lo asesinaron.

Aquí el poema dedicado a Rugama y que da nombre a mi tercer libro Un poeta es un satélite en constante caída.

¡Aguante, Nicaragua! ¡Que caiga el tirano!








Un poeta es un satélite en constante caída



Sé que caeré y también sé que mi cuerpo
se convertirá en ausencia derrotada.
Aun así, estoy tirado en el suelo
intentando unas líneas victoriosas que se unirán
al reclamo irremediable de una muchedumbre
en una plaza.

Habré ganado entonces
porque caí como cualquiera
pero nunca me callé
nunca habitó silencio en mí
menos hoy que como última victoria
le grito tu nombre
a las paredes agujereadas
y mucho menos hoy que como última conquista humedezco
mi agitado pecho
con el rojo de tus labios y mi garganta
con el invisible néctar de tu lengua.

Mueren dos veces aquellos que no dicen nada
al momento de su siembra
y aquellos que no pudieron caer boca arriba
para encontrarse con tu rostro
antes que el frío

abrazo de la muerte en la espalda.
                                                       

                                                     A LeonelRugama



6/29/2018


Ver llover desde un vagón estacionado en vía muerta

















Y cuando llegue el día del último viaje,
Y este al partir la nave que nunca ha de tornar,
Me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
Casi desnudo, como los hijos de la mar.

A. M.


















Campos y Canciones

Un hombre mira a través de la ventana.
Sus ojos tienen la edad de la tristeza.
Su frente el color de la nostalgia.
Pocos saben cómo es su nombre.
Solo los árboles le reconocen. Por eso le saludan. Por eso se despiden.
Pocos saben quién es a pesar de que el paisaje que hasta aquí nos trajo hoy
fue pintado por sus dedos en las ojos de todos los ahora, de todos los que 
                                                                                                              /van
y los que como él ya no volverán.
Él alzó su mano izquierda: con ella nos mostró su luz.
Alzó su derecha y en sus arrugas nacían todos los ruegos de la guerra.
Una vez vi que reía y la lluvia reía con él. Eso ahora es muy difícil
cuando su mirada se apaga con cada uno de sus pasos
y de sus soles penden hilos de cristal.
Cada giro de la rueda le abre una herida y otra
y otra cada vez más honda en la tristeza. Lo sé porque se nota.
Las heridas mortales son las que el silencio nos propina
cuando los nombres de la infancia ya no son audibles.
Las heridas mortales son las que provienen de la lluvia cundo no nos nombra
porque nunca supo de nosotros
/ni de nuestro llanto, ni de nuestro duelo, ni de nuestro exilio.






Soledades

Tuvimos que bajar de la carrosa para ganar la vida caminando.
Varias horas habían pasado desde que dejamos la patria al otro lado de la 
                                                                                                          /noche.
  Mira, la lluvia nos recibe, nos lava las tristezas, nos consuela el corazón.
     La lluvia es una de las formas más esperanzadoras del exilio.

  Mentira. Ningún consuelo puede provenir del frío aullido de las nubes.





La tierra

Sus pisadas eran el beso suave de la tierra, la caricia ansiosa de la lluvia
                                                                                /el aire frío del adiós.
En el fondo lo sabía: las cosas no pueden ser mejores
cuando tus huellas encuentran el oxidado rostro de los trenes
que han cesado su trayecto. Entonces lo sabemos:
nuestro pueblo volverá a ser un retrato ajeno, un rumor lejano.





La guerra

El haz de luz que eran sus ojos se apagó poquito a poco.
El río incontenible que fluía de sus manos murió desviado en otra patria.
El camino transitado por su sombra es el mapa trazado por la muerte.
Su infancia alumbrada lo lloró tres días hasta que se fue detrás de él.
El árbol que le vio nacer, que le dio su seno, que le dio su sombra, que le 
                                                                                                /dio su fruto
desapareció como ola de la noche, se fue a abrazarlo para siempre.
Un hombre miraba a través de la ventana cuando llegó la tarde de su último 
                                                                                                                /poema.






6/26/2018

XVI


(o la madrugada presentida)

1.
Soy una gaviota que no sabe a dónde va
una que va hacia adelante sin más destino que las nubes.
Una que se eleva para hacerse viento y azularse con el cielo libre
y hacerse furia con el sol del mediodía.
Soy una gaviota que no sabe a dónde vuela.
Quizás por eso veo las cosas con más claridad
con la luz de mis ojos y el fuego de mis alas.
Cuando llego al mar como ave que no sabe a dónde se dirige
veo como las olas en realidad son alas de cristal.
Mis alas pequeñitas antes llama, ahora sal, son sus hijas.
Soy el agua que viene y que se va porque tomo la forma de la noche
y me oculto en el resplandor de la mañana. Durante el día soy el agua.
En la noche soy una luz débil de la playa, una aurora luz, una vela luz, una 
                                                                                                   /luz de abril
hasta que un gemido ebrio me penetra una y otra vez  desde hace varias 
                                                                                                        /noches
y me deja herida, con las alas rotas.

2.
Soñé que era una gaviota que no sabía a donde iba.
La pesadilla comenzó cuando y desperté.



XV





XIV


(o la hija que también era un sueño)

Yo tuve una hija que también era un sueño.
De vez en cuando la visitaba en su celda
en el patio de los reos o en el calabozo de mi infancia.
Una hija que también fue un astro.
La veía y le saludaba desde mi ventana
cuando pasaba a lo lejos perforando el cielo a gran 
                                                                /velocidad.
Yo tuve una niña que era todo sol y claridad.
Algunas veces le acariciaba el rostro y buceaba
en la profundidad de su mirada como buscando en sus 
                                                         /pupilas mi reflejo
o el secreto de su voz o el origen de su luz.
Una hija que una vez se convirtió en arena
y que tuve que recoger grano a grano para llevarla al 
                                                                           /jardín
donde reposan los restos de los demás frutos de la tierra.
Al jardín que es el mapa de todas las nostalgias de los 
                                                                        /hombres.






XIII


(o retrato del papá que tenía los ojos afilados)

Una vez agarré todo el cielo con mis manos infantiles.
Lo tomé, lo abracé, le di forma de unicornio, de paloma, de avestruz.
Él se iba y volvía hacia a mí; se iba y volvía, se iba y volvía
y nos abrazábamos. Se despedía. Al otro día venía, me abrazaba.
Un día llegó mi padre, me miró desde allá arriba y me abismé.
Entonces el cielo no volvió. Casi no recuerdo el mensaje de su azul.
Debe ser que papá no entendía de nubes, ni de astros, ni unicornios
y mucho menos de avestruz. Un puñetazo ebrio le bastó para borrarlo todo.
De mi cielo-niña solo quedan unas flores que dejó mi padre en la tumba de 
                                                                                                  /mi infancia
después de que él mismo la mató.

XI


(o el papá que una vez fue oscuridad)

No sabía lo que era, pero ahora lo comprendo:
Era tu luz que me cegaba y a la que temía.
Tu voz que me golpeaba en las laderas de la infancia.
Tu haz que de improvisto me partía en las mañanas.
Tu cruz de ebrio que era también mi cruz de niña 
                                                                  /insomne.
Esa vez en que no sabía lo que era pero lo supuse:
Era tu rostro que visitaba mi reflejo algunos días
en un espejo que me mostraba el laberinto de mis ojos
y que me señalaba como declarándome culpable
de la vida, de la noche y de la muerte que aún no 
                                                               /conocía
pero que me llamaba a gritos desde mis edades más 
                                                              /tempranas.
No sabía lo que era, pero ahora todo es claro:
Toda pretenciosa luz es negación y desarraigo.
Toda iluminación impuesta es amputación y herida.
La búsqueda constante es la verdadera claridad.





X


(o el papá que primero fue un sol agonizante)



Yo tengo la mirada de mi padre y el rostro de su soledad.
Heredé sus desilusiones y sus sueños incumplidos.
Su silencio es el mismo silencio mío como es mía la 
                                                                          /desdicha.
Como él, también tuve un jade y fui esclava de su brillo.
Con su peso me quemé las manos y los ojos con su luz.
Esas piedras no están hechas para mí ni para mi destino.
Soy hija de la noche y del mate que reclamo y me 
                                                                          /reclama.
Huella de los chamanes sembrados en la selva virgen de 
                                                                      /la América
y de sus semillas más alcohólicas.
Provengo de la estirpe más adúltera del Señor de Sipán
de la más errante. Yo misma soy una andante sin  
                                                                          /destino.
Soy hija de la noche y camino como buscando mis 
                                                                           /raíces
pero aún no sé para donde voy.
Yo tengo la mirada de mi padre y el rostro de su soledad.