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5/18/2020

Flores para un ocaso, ecos de un libro en 2020

Quisiera compartir algunas intervenciones que ha tenido mi segundo libro de poemas, Flores para un ocaso. Lo hago a manera de agradecimiento público a todas aquellas personas que de alguna y otra manera han llegado a estas páginas y se han sentido identificadas con ellas, las cuales son producto del ejercicio ya conocido: la escritura solitaria, esa lucha intempestiva del hombre con sus demonios en la que el derrotado siempre es el autor. 

Diana Carolina Daza Astudillo, poeta y editora bogotana, se une a la lectura de mi segundo libro de poemas, Flores para un ocaso, publicado en 2016 por la editorial Piedra de Toque. Del mismo modo, el poeta y cantautor Leandro Sabogal canta en vivo en un teatro del céntrico barrio La Candelaria de Bogotá el poema ESCRIBIR POEMAS, del mismo libro. Y llegan también los niños de grado 2° del Colegio Van Leeuwenhoek, institución educativa privada ubicada en Suba, noroccidente de Bogotá, para cantar ese mismo poema de mi libro dirigidos por la bella profesora Yuri Viviana Rodríguez Pinzón.

Por otro lado, unos amigos artistas, poetas y escritores de varios países se unieron en un recital de poesía internacional alrededor del poema FLORES PARA UN OCASO, que cierra el libro del mismo nombre. Esta iniciativa fue adelantada por unos estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Minuto de Dios de Bogotá.

Y, hablando de amigos de otras latitudes, el poeta, antropólogo, teólogo, filósofo y docente boliviano Jorge Carlos Ruiz de la Quintana se une a la lectura del libro con un poema inspirado en Flores para un ocaso el cual nos envía en un recital de su misma voz.

Una entrevista entorno al libro en un programa radial, de nombre Subliteratura, y un recital de un poema del libro que me llega desde Neiva, Huila, por parte del poeta Sergio Chiappe, cierran este compendio de ecos que ha tenido este segundo libro de mi autoría que no me deja más premios que las muestras de amistad y complicidad de mis hermanos que también son mis maestros.

Bonus: También comparto un vídeo de la presentación del libro en Cali, invitado por la gestora cultural, editora y poeta Mónica Patricia Ossa, y la presentación del mismo en la antigua Librería Trilce en compañía del poeta canadiense Nicholas Dawson y gracias a la invitación de los escritores Guillermo Martínez González (q.e.p.d.) y Alejandro Cortés González.

¡Gracias por la complicidad, amigos!











11/03/2016

Joaquín Zapata Pinteño




JOAQUÍN ZAPATA PINTEÑO Nació en Elche (Alicante), España. Tras el Bachiller opositó para el ingreso en la Academia General Militar, desistió tras tres años de milicia e inició estudios de Arquitectura Técnica. En 1967 ingresa en el Cuerpo Técnico de la Administración, once años después pide excedencia para ejercer como Procurador de los Tribunales. Se diploma en Derecho de la Unión Europea y en Alta Dirección de Empresas y dirige un despacho profesional por más de treinta años.
En Madrid se diploma en Biomagnetismo Médico y en Cuba obtiene el Postgrado en Medicina Natural y Tradicional. Es miembro de la AMECA, Asociación Médica del Caribe y crea en Bogotá una Fundación Médica. 
Marino y poeta vocacional. Hace parte de los Talleres Poéticos dirigidos por los poetas Jaime Londoño, Jhon Galán Casanova y Alberto Rodriguez Tosca, que asesoró en la publicación de su primer libro de poesía que recoge poemas desde 1980 hasta mediados de 2015.


LOS VIERNES, EN EL JARDÍN

Sin querer,
todos los viernes se ponían cita en el jardín.
Adónde van los besos,
las palabras se miran sin querer.
Y sin querer
los ojos se desentienden de sus lágrimas.
El jardín era jardín
sólo cuando ella lo miraba.





DECAPITACIÓN

No era su cuerpo el metal,
ni un tren estacionado en un desierto,
ni la sangre muerta,
ni años el otoño.
No eran suyos ese cuerpo ni esa piel.
Eran racimos de la memoria descolgándose
sobre el septiembre de los otros,
como una festiva decapitación
sobre los carriles del tren.





NO SÓLO POR ESO


Sobre una nube esculpió su rostro a golpe de rocío. Una granada con sangre, abierta a gajos, descendió de su cénit hasta ella. Dentro, el hombre aún sin crecer. La nube se des- vaneció y ahora, cuando miro al cielo, veo como hila sus jirones y oigo la voz gregoriana de aquél niño. A la esculto- ra de nubes debo este reencuentro. Por eso debo amarla. Y no solo por eso.







Joaquín Zapata Pinteño presentando su
primer libro en la Librería Trilce de Bogotá.



Noche oscura

Jornalero de la noche,
negro salario a la espalda,
hace y deshace pasos,
siempre la cabeza gacha
A su invisible compaña
habla sovoz
arrendando unas palabras
Caminador de las lunas,
perseguidor de guadañas,
sordo a las voces que callan,
ciego a las oscuras horas
y mudo para nosotros
que decidimos pararlas
matando cada jornada
el orto de su esperanza
En ese hacer y deshacer sus pasos
que un grave silencio acompaña
hasta se le niegan trinos
al soldado centinela
de todas las madrugadas
Nuestros mundos separados
que las heridas c0nsagran
se cruzan en los caminos
al despertar la mañana
Y los fantasmas drogados
con refugio en las entrañas
se despiertan asustados
porque la conciencia ladra
estertores de pavor
a la miseria callada
El jornalero nocturno
tiene un temor que es el alba
Nosotros la noche escura
la noche  oscura del alma





Emperador


Desde mi sillón burdeos
le llegan a la mirada
 cuatro planos verticales
Verde cima de los Andes
con una bufanda blanca,
las fachadas de unas casas
                                      en piedra, curuba y alba,
el oro-azul de unas rejas
y el cristal de mi ventana
Toda la tarde se inunda
del oro intenso que irradia
 ese  gran emperador
que hacia el Occidente se marcha
Pero está ansiosa la noche
por extender su gran manta
que va tragándose cimas,
evaporando bufandas,
borrando los horizontes,
ocultando las fachadas
y a todos los arcoíris
robándoles su arrogancia
Ya no hay paisaje exterior
que se grave en la mirada,
solo luces que titilan
cuando la mirada es alta
Desde mi sillón burdeos
solo veo un lienzo negro,
la noche está consumada
y también el pensamiento.





Frío recuerdo     

Es yerto el paisaje
que la luz de tus ojos refleja,
es agudo y frío,
es un lago helado
oscuro y profundo
Es gélido el aire
que al pasar me dejas,
perfil de cristales
de aristas cortados
y oscuro el camino
que trazan tus pasos
de indelebles huellas
Tan inerte es el recuerdo
que más que pasado
me parece un sueño
del que se despierta
queriendo olvidarlo
----------
Verás pasar tu primavera
por la inmensa planicie de tu otero
veloz como la nube solitaria
que rauda vuela su etéreo camino
Intentarás seguirla en tu mirada,
buscarás de nuevo otra montaña
de cúspide más alta, más inédita
y al subirla, torneando,
no verás otro paisaje
que el otoño inesperado de tu vida
con sus hojas pálidas, caídas,
abrigando con su manto
tu lánguida nostalgia
Y en tu crisálida retina
quedarán impresionados
nubarrones de recuerdos
de otras vidas, que trazaron
la tuya como cautiva
En la ambición de subir más alto
llegará el transcurso de tu invierno,
pereciendo, caminando entre sus nieves,
para volver, entre cenizas invisibles,
a subirte en la cima de otro otero
Ya todo estará con su armonía
y con su inmenso silencio




Los versos resurgidos

Hoy se me niega, poema, tu escritura
y el compás de tu música escondida;
oculto está tu sonido entre fonemas
temeroso, oprimido, acallado,
prisionero del silencio
En la noche, sin estrellas, de su olvido,
en este laberinto de Teseo,
el hilo de Ariadna voy buscando
de lo que pudo ser tu métrica y tu ritmo
Con el alba llegará mi musa
y en su arpa la música escondida.
Dejarán su mausoleo los morfemas,
saliendo de su silencio, palpitando,
los versos que nunca perecieron

8/21/2016

Sustancias que nos sobreviven


A continuación, comparto unos poemas del libro Sustancias que nos sobreviven, de Alejandro Cortés González. El libro fue publicado en 2015 por la Universidad Industrial de Santander.
Al final podrán encontrar unas palabras que el también poeta Guillermo Martínez González escribió a propósito de este libro.









Los aguaceros

Todos tenemos unos zapatos que llaman los 
/aguaceros:
los más blancos
los que más grabados de calle traigan en la suela

Acuérdate de mis zapatos de lona blanca
Te parabas en ellos y éramos la misma sombra
Aunque la suela fue desprendiéndose de la costura
tu pie nunca tocó el suelo

Acuérdate de ellos tirados bajo la cama
en un crujir de tablas
Su boca tragaba los ácaros de la noche
y recibía mi pie desnudo
para ir a desayunar

Acuérdate de cuánto te espantaban la vejez y 
/suciedad que afligían a sus telas
Es una epidemia -pensarías-
que se extiende por mi pie y por el tuyo
y nos contagia todo
La suciedad no enloda si el recuerdo es limpio
la vejez no corroe si el recuerdo es joven
lo que mata no es la muerte
lo que mata es el olvido
Entonces acuérdate de que lavar esos zapatos
invitaba a la lluvia y al agua de charco
a entrar por donde la suela se alejó de la costura

Acuérdate de los saltos para huir de la tormenta
y escampar en los cobertizos
Tus pies empinados encima de mis zapatos
para que bajo el paraguas existiera el beso
Acuérdate
hoy que llueve
y es de noche
y no estás conmigo
Seremos distancia
nos haremos viejos
pero nuestra edad siempre será la que teníamos 
/en el último recuerdo

Rescaté mis zapatos cuando los exiliaste al armario
Corrieron con los tuyos y nadie estuvo solo
se pararon bajo los tuyos y ambos estuvimos a salvo
porque las aguas no pudren si el recuerdo es limpio
las noches no tiznan si el recuerdo es diáfano
tú ya sabes qué es lo que mata
acuérdate
hoy que llueve
y es de noche
y estás lejos
y no me nombras
como mis zapatos
nombran los aguaceros.






Satélite

Esto fue lo que tu nieta menor dijo la noche que perdió su premier globo: “Se rompió mi bomba, por eso la luna me acompaña.” Le contó lo sucedido a los gatos de la casa; abrió un libro y nos inventó historias de gatos con globos, para que pensáramos que a sus tres años, ya sabía leer. 
¿Que por qué te cuento esto?... Bueno… A veces me da por hablarte… tú sabes… sentir que aún nos miras. Le tomo cariño a la idea de que todavía cuidas de tus hijas, de sus hijas, y te vuelves satélite para acompañarlas, cuando se rompen los globos. 







Ofrenda del abismo


Para un nacer de alas
el acero deber cortar la carne y arrojar el cuerpo

No es el cielo quien otorga el vuelo
Es la caída.








Home sweet home


Los sábados durante mi último año de colegio, recorría discotiendas en busca de música de Mötley Crüe. En un almacén del barrio Galerías encontré en acetato Dr. Feelgood, su álbum más reciente. Anduve las calles del centro, desde la diecinueve hasta la veinticuatro, y conseguí Girls, girls, girls también en acetato, Too fast for love y Shout at the devil en CD, y por encargo, después de dos meses de trámites de importación, Theater of pain en casete. Tan pronto lo tuve en mis manos lo metí al walkman. La quinta canción del lado A era mi favorita: Home sweet home. Me notó tan feliz el vendedor, que me regaló dos afiches de la banda. Mi papá los vio pegados en la pared de mi cuarto. Vio los acetatos. Los cedés. No entendió lo del maquillaje glam. No le gustó eso de gastarse la plata de las onces en música, como si la ausencia de música no dejara más vacíos que el hambre. Lo rompió todo, hasta la tarjeta del almacén de Galerías. Pasé el resto de sábados del bachillerato lavando las paredes de SU apartamento, escuchando en mi walkman el único casete sobreviviente y aprendiendo que Home sweet home, es una canción de despedida.



***



Sustancias que nos sobreviven: las ciegas constancias del poema

De Guillermo Martínez González, Bogotá, 23 de junio de 2015



La poesía exige un conocimiento lento e intangible, sus dominios verdaderos pertenecen en última instancia a lo invisible,  a las percepciones del silencio.  En los transbordos del alba, en la página en blanco, en las fisuras del tiempo y en los paréntesis de eso que de manera torpe llamamos la realidad, de eso con que designamos el goteo menesteroso y utilitario de la vigilia, desata el sentimiento de lo perdido,  la nostalgia del paraíso, la turbulencia del destierro.

A todo aquello se refiere sin duda este aforismo de la última parte y que de alguna forma concentra el sentido secreto de Sustancias que nos sobreviven y constituye la brevedad de su Poética: “Vocación por compensar al mundo tiene la poesía. Allí aparece lo que acá se extingue. En la gruta del verso, la presencia del vacío”.

 Luz Elena Cordero, una de las jurados que concedieron a este libro el Premio Nacional de Poesía UIS 2014, señala de su lado, entre otros aciertos, el tono preciso de Sustancias que nos sobreviven para rescatar objetos concretos que sobreaguan en los intersticios de la disolución: “La poesía, como el sueño o la memoria, despierta las sensaciones que parecieran sepultadas en el olvido para devolverles su espacio y su tiempo, aunque estas duren un parpadeo o habiten en un verso”.

El libro de Alejandro Cortés con el rango del vuelo de la mariposa, fluye espontáneo, se llena de densidad sin aspavientos, está allí con el fulgor de las cosas, con su prolongación instantánea, su evocación exacerbada que nos remite a cada paso a su vacío, a su extinción. Las recupera porque ya no existen, o están a punto de desaparecer. Su ritmo sencillo es engañoso, se concentra en un punto ciego, en la unidad oculta del ser y no ser, de lo que creamos para sobrevivir, para obtener el respiro sobre lo que ya está amenazado por la nada: “La poesía necesita del vacío para habitarlo”, escribe de manera mucho más contundente, en otro de sus teoremas del final de Sustancias que nos sobreviven.

Los poemas de Cortés González inquietan porque no se sabe si las cosas gravitan sobre nosotros, nos entregan su alma y nos definen, o si, por el contrario, somos nosotros los que las convocamos porque nos salvan al establecer un equilibrio esencial que nos preserva de la nada.  De esa línea imprecisa entre el sujeto y las cosas, se abastece el texto, recupera por momentos la intensidad de la existencia, la libertad  que otorga lo gratuito, el canto del pájaro, el don de la unidad:

Acuérdate de mis zapatos de lona blanca
Te parabas en ellos y éramos la misma sombra
Aunque la suela fue desprendiéndose de la costura
tu pie nunca tocó el suelo.

Sustancias que nos sobreviven, habla de una infancia profunda anclada en la memoria y que se intenta recuperar contra el despojo. Por momentos se revive en los acantilados de la noche, de una realidad que muchas veces es brutal. Recuérdese por ejemplo aquel poema en el que las especies de la tierra y las especies del aire sólo se reúnen para las ceremonias sangrientas de la sobrevivencia, o aquel otro, escenario de pena, en donde la canción Home sweet home, recalca que la relación con el padre represivo es sinónimo de ausencia y despedida.

Y  habla no sólo una infancia perdida, sino un país sumido en el desarraigo, anclado en el abismo, invadido como una casa del dolor por el crimen:

Degollaron al ruiseñor y tú en tu cántiga
Mutilaron la flor y tú tan espina de crisálidas
Cosieron tu boca para el grito, no para el canto
En el filo que destaja al mundo suena un tambor de manos atadas

Te lloran el Rin y el Magdalena
Tu madre envejeció veinte años de lágrimas
Agua apozada en erizos de cuarzo

No en vano se menciona a Dios en dos o tres poemas, no sin una cierta y marcada ironía. Lo que subyace en el libro de una manera no estentórea, es la soledad radical del hombre, su condición de indigencia. Se invoca a Dios porque estamos  expuestos, en una especie de teología negativa que subraya el abandono, los terrores que no han desaparecido desde que aquel hombre remoto de la caverna sufriera las primeras confrontaciones de la realidad y la vida.  



 Texto publicado originalmente en: http://www.alejandrocortesgonzalez.com/detalle.php?Id=61




***




Alejandro Cortés González (Bogotá, 1977) ha publicado los libros Notas de inframundo (Novela,Pero la sangre sigue fría (Poesía, 2012) y Sustancias que nos sobreviven (Poesía, 2015). Ganador del Premio Nacional de Literatura de la Universidad Central en las categorías Novela (2009) con Notas de inframundo, y Cuento (2011) con Él pinta monstruos de mar. Ganador de la Beca de Circulación Internacional para Creadores del Ministerio de Cultura (2013), con la que participó en VII Festival Internacional de Poesía en París. Ganador del VI Concurso Nacional de Poesía UIS (2014), con Sustancias que nos sobreviven. Ha sido invitado a encuentros literarios en Suramérica, México y Francia. Es miembro de la Fundación Trilce y coordinador de la programación cultural de la Librería Trilce en Bogotá.
2010),

7/17/2016

Jueves de narrativa en Trilce

El próximo jueves 21 de julio en Librería Trilce de Bogotá será la presentación de los escritores Sonia Ramón y Sergio Gama. Aquí sus perfiles y una muestra de su trabajo.
El evento será conducido, como ya es costumbre, por el escritor Alejandro Cortés González.



SONIA RAMÓN

Nació en Bogotá. Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central. Algunos de sus cuentos han sido publicados en antologías nacionales y han recibido menciones de honor. En 2009 fue la ganadora del concurso de micro cuento del Boletín Cultural Libros y Letras. En 2012 ganó el Concurso Nacional Metropolitano de Cuento con La lengua castiga, publicado también en la revista Hojas Universitarias en 2014. Su novela Interludio rojo, resultó preseleccionada en 2015 en el Premio Nacional de Novela Nuevas Voces Emecé- Idartes y continúa inédita. Lleva siete años desempeñándose como escritora fantasma. Pertenece al Colectivo Literario La Lupita y actualmente trabaja en su segunda novela. 


Una temporada en La noche estrellada

Por recomendación médica he venido a pasar una temporada en La noche estrellada de Van Gogh, todo gracias a que padezco de una espantosa fobia a la luz del día. Al llegar al pueblito desierto, pleno de farolas encendidas, me acomodo bajo un árbol para admirar mejor las nubes giratorias, las colinas azules onduladas, todas estas estrellas amarillas. Desde aquí, le escribo una breve carta al médico, contándole mi decisión de no volver nunca a casa, al mundo real; le pido que me envíen el resto de las cosas. Alego que lo mío es incurable. 



***


SERGIO GAMA

Filósofo de la Universidad de Los Andes, cursó la Maestría en Literatura de la Universidad de Los Andes y la Especialización en Escritura Narrativa de la Universidad Central. Docente en la Universidad de los Andes (Facultad de Artes y Humanidades) y en la Universidad Minuto de Dios (Facultad de Ciencias de la Comunicación). Lleva 9 años desempeñándose como editor y Subdirector de la Fundación Fahrenheit 451, en la cual ha coordinado y gestado proyectos con comunidades vulnerables, sobre todo en el sector literario, periodístico y pedagógico.
1er Premio en el Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista 2009, finalista del Concurso Internacional de Microtextos "Garzón Céspedes" (2008) y Mención de Honor del Concurso de Microrrelato Esperando a Godot (2008).
En 2013 publicó su primer libro de cuentos Enciclopedia no ilustrada de viajes y viajeros.



¿Cómo dijo que se llamaba? *

Sí me acuerdo del tipo, llegó con unos 12 más, dizque sus discípulos, y otro montón que armó unas carpas en el patio y en el jardín. Los 13 se quedaron en un cuarto que era para 16, y me pidieron que no fuera a dar ninguna de las otras tres camas a nadie. El tipo que ustedes buscan, el jefe, me cayó bien, así que les hice el favor. Además, era temporada baja y no iba a llegar nadie. Sí, claro; era como yo de alto, de pelo largo, barba y andaba en unas sandalias muy bonitas. No es por ser racista ni nada, usted sabe que a veces la gente lo malinterpreta a uno, pero no quiero decir nada malo… ¿bien? Listo, yo creo que era judío. Sí, recuerdo lo que hicieron. Se quedaron tres días, pero no consumieron casi nada y eso que todo se lo dejaba a mitad de precio; mientras estuvieron acá sólo compraron tres o cuatro pescados y cinco o seis panes y con eso comieron todos, además me pidieron regaladas dos tinajas de agua, con las que se emborracharon luego, sin darme nada a cambio. Y ni siquiera armaron una buena fiesta. Cuando estaban borrachos, el tipo que buscan se puso a contarles unas historias raras, como fábulas que no iban a ningún lado, y les hablaba del papá que es rey o va a ser rey y va a tener un reino raro. Sí, se fue por allá. De todas formas, si ustedes lo están buscando por eso, yo no le pararía muchas bolas, la verdad me parece que el tipo se tostó, tiene corrida la teja o se quedó en un viaje de hongos y sólo habla de amor. Ese es el problema de viajar mucho y meter porquerías, tengo un primo que se puso en esas y de tanto andar por ahí empezó a decir las mismas pendejadas. Dele unas semanas y la gente se va a cansar de andar detrás de él. Ah, bueno, eso sí, el tipo sabe de carpintería, esa silla, en que está sentado, se tambaleaba horrible, y ahora está perfectica. El tipo es un dios cuando tiene madera y unas puntillas.


*Publicado en Enciclopedia no ilustrada de viajes y viajeros (2013)