7/04/2013

Jaime Cano





Jaime Cano (1958, Quindío, Colombia) es Licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá. Autor de cuentos y poemas que han sido publicados en varias antologías a nivel nacional. Editor, docente y jurado de concursos literarios.
Contacto: jaimecuento@hotmail.com

Acontuniación comparto un cuento y un poema del autor.



PUNTOS S.A.

Aunque vivíamos en el país de las líneas teníamos una fábrica de puntos. Los producíamos contra pedido: en series, docenas, gruesas, pacas. Claros y oscuros. Grandes y chicos. Pero también hacíamos, y esta era una de nuestras fortalezas, puntos especiales.

   Fabricábamos puntos de partida y puntos de llegada. Puntos en el vacío para los locos, puntos suspensivos para los cabizbajos y meditabundos. Puntos atractivos para los adolescentes sin gracia. Señoras de cierta edad nos exigían finos y sexis puntos para sus medias veladas. Otras, punto cadeneta y... Contábamos con puntos nostálgicos: para los que llevan largos años de casados; puntos candentes: para los amantes en disputa, y en común para los que apenas comienzan. Algo exclusivo: creábamos puntos débiles para mujeres y hombres. Lo importante aquí eran los planos donde cada sexo los llevaba: ¡los vendíamos por millares!

   Producíamos puntos muy disimulados para los hipócritas, puntos de justificación para los procaztinadores, puntos imposibles para los utópicos, puntos de esperanza para los escépticos, y para los excéntricos: puntos aparte. A los amigos de la prisa: la hora en punto. Para los hiperactivos: puntos seguidos. Para las glotonas: puntos de degustación, para los glotones una pequeña variación: punto y coma. Para las comunicaciones: puntos 007 mundo. Para los publicistas: buen punto, déjame masticarlo. Para los arquitectos: medios puntos, muy prácticos en la construcción de arcos de iglesias. Diseñábamos discretos puntos de fuga en las perspectivas... de escape de políticos y exgobernantes recluidos en cárceles de máxima seguridad. Los congresistas nos pedían, con bastante frecuencia y pagando bien nuestro trabajo, que les desarrollásemos, con sumo cuidado, diversos puntos de vista. Concebíamos notables puntos luminosos para los que pasan por inteligentes. Los filósofos nos reclamaban a gritos profundos puntos de reflexión. Los matemáticos, puntos lógicos y exactos. Contábamos con puntos maravillosos para los artistas. Para los orientales y su origami: puntos de quiebre. Puntos sobre las "íes" de explícitos y letrados. Puntos de unidad para los huelguistas. Puntos beligerantes para los pacifistas. Puntos humanos para los filántropos. Puntos verdes, por los que clamaban a pulmón entero los ecologistas. Puntos negros para los astrónomos. Para los sastres, puntos de corte.  Y para que no se nos escapara la vida, los imprescindibles puntos quirúrgicos. Alcanzamos a lanzar hasta puntos muertos para las funerarias.

   Para llegar a las masas y acabar un tanto con la competencia desleal, y del todo con la especulación, resolvimos crear los famosos puntos de fábrica. ¡Otro de nuestros éxitos!
   También producíamos puntos de otras índoles: puntos rígidos para los conservadores, flexibles para los liberales, neutrales para los conciliadores y puntos dinámicos para otros grupos.
   Hacíamos puntos para casi todo el mundo, pero teníamos nuestras reservas. Para los desamparados verdaderos puntos de apoyo. Teníamos puntos de acopio, en el país; y en el extranjero: puntos de entrega. Puntos cardinales, para orientar embarcaciones con cargamentos sospechosos. Para los guerrilleros estudiábamos puntos estratégicos. Con los talibanes, dimos en el punto. No podemos negar que se nos escaparon algunos puntos de mira que fueron a parar a manos de asesinos a sueldo. ¡Una verdadera lástima! Unos cuantos militares de avanzada nos solicitaron, con marcadas reservas y precauciones, puntos de acuerdo para lograr una paz duradera –nuestro mayor deseo-. ¡Trabajamos entonces con empeño y alegría! Pero también había, por desgracia, un gran número de belicosos extremistas y reaccionarios que nos amenazaban con un grosero y simple "¡Alto en el punto!" si no les inventábamos puntos de provocación, saboteo y discordia.


   Un día, alguien nos pasó la orden de un punto. Misterio: sólo uno. Orden que no reclamó, jamás lo haría. Cumpliendo con su pedido lo fabricamos y nos dimos cuenta, tarde ya, que habíamos cometido nuestro máximo y último error: nos había encargado hacer un fatídico punto final.



***


PARA ANTES DEL OLVIDO

Un día vendrá el olvido
Vaciándome
Del lenguaje de las cosas

Vendrá la desmemoria
Sin avisos, en apenas un murmullo,
Despalabrándome de sentidos.

Por eso, antes que el cuerpo de las cosas
Se vayan por el sin fondo del olvido
Ahora que aun significo palabras
Como abrazo, luna o laberinto
Quiero que sepas:
He sido feliz, muy feliz
Y a tu lado, demasiado feliz.
Y he amado como el que más
Te he amado más allá del dolor o la alegría
Más allá del bien o del mal.

Si al final de mis días
Aún están, vida, las palabras
Serás el amor hasta el último gesto en mi memoria.

Después vendrá mi soledad
Habitada
por cegueras sin nombre
Después será el olvido.



1 comentario:

  1. Que bueno encontrar referencias del gran escritor Jaime Cano. Lo conocí en mi colegio cuando yo solo tenía 13 años y atesoré sus cuentos impresos y que nos vendía por cualquier plata, un verdadero tesoro de regalo.

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