2/07/2014

Natalia Litvinova




Natalia Litvinova nació en 1986 en Bielorrusia y reside en Argentina. Es poeta y traductora. Publicó Esteparia (Ediciones del Dock, 2010; Ártese quien pueda, 2013;  Trópico Sur Editor, 2013; Llantodemudo, 2013), la plaquette Balbuceo de la noche (Melón editora, 2012), Grieta (Gog y Magog ediciones, 2012), Rocío animal (La Pulga Renga, 2013) y Todo ajeno (Melón editora  y Vaso roto, 2013). Compiló y tradujo las antologías El ruido de la existencia (Editorial Leviatán, 2013) de los poetas rusos Jodasevich y Esénin, El espejo equivocado (Melón editora, 2013) de Cherubina de Gabriak.



Epilepsia verbal

Discutí con las manos en la cintura,
posición de jarra. En forma de puente,
arqueada en el piso, como sauce llorón,
soltando lágrimas, amenazando con tirarme
de la cama. Discutí con los dientes chirriando.
Pero con la alegría secreta de seguir viva.
Hasta que la epilepsia verbal cesó.
Me abrió los muslos. Se ocupó de mí.



Regeneradora

Dormí con el rostro acariciado
por las yemas de mis dedos.
La boca abierta, gustosa.
En mi sueño succionaba el jugo dulce
de la raíz que une tierra y cielo.
Horas antes escapaba de la ciudad en el tren,
prófuga azotada por la lluvia,
murmurando versos de Rukeyser,
preparada para atravesar la ventanilla
y retorcerme acristalada en la acera
como el ser noble sin género, el gusano.
Tantos libros abiertos para mí,
años de amor, de infidelidad regeneradora,
empujándome hacia su desnudez,
hicieron que cambiara de parecer.
Recordé al primero,
como azogado, manchado de humedad.
Lo escondí bajo la camisa.
Entre pechos recientes.



Cada vez más profundo

No sé si soy dueña de estas anotaciones
pero tengo cierto poder sobre ellas, un poder evanescente.
Como la bruma que corta el deambular de un náufrago,
o el velo que por beatitud una mano profana.
Anochece y el canto electrónico de los grillos
convoca a la profundidad de la selva.
Paso a la mano derecha el anillo que mi mano izquierda
ya no puede sostener.
Sucumbir. No podemos estar a la altura.
Todos los días algo nos trasciende.
Cada vez es más profundo el misterio de la noche,
su corazón negro llorando oscuridad.
Cada vez más salvaje la necesidad de amar
sin desgarrarse.



Retrato

Me identifico más con el polvo
que cae en mi retrato
que con mi propia imagen.
Sin embargo, con un gesto de la mano
me deshago de él. Porque soy de carne,
necesito reafirmarme.



El movimiento de tus manos

¿Cómo es tu piel bajo la lluvia?
¿Es de un tono más claro
que el que mi memoria retiene?
En este día tranquilo, da ganas de bostezar 
y de girar los objetos con lentitud.
¿Cómo es el movimiento de tus manos bajo la lluvia?
Las cintas de colores atadas a las ramas del árbol
danzan como mujeres pequeñas,
el perfume de sus nucas húmedas llega hasta acá.
Las moscas no pueden levantar vuelo,
una gota quedó abrazada a la canilla
y el fósforo como sustraído
rememora el descubrimiento del fuego.
Este día es el sueño de una mujer cansada,
un hombre le acaricia la frente con dulzura
para que descienda aún más.



(de Continente oscuro, inédito)




3 comentarios:

  1. Entrañable poeta, sin duda.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. radiante, lúcida, grave, y alguna otra cosa... posiblemente a pesar suyo.

    ResponderEliminar